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Granada CF
Un golazo de Andreas refuerza la fe en la permanencia

Se sintió como un golazo. Es un radiante halo de esperanza. En el Nuevo Los Cármenes todo es posible. Lo es que Andreas levante con la zurda la pelota y con la diestra la coloque en la escuadra. Que con esa fantástica acción consiga el Granada CF su segunda victoria de la temporada, la primera de 2017. Que la permanencia es posible, que se alcanzará con la comunión entre una grada entregada y un equipo capaz de jugar con el orgullo a flor de piel.

Creer, creer, creer y volver a creer. Esa mensaje movió a los hombres de Lucas Alcaraz de inicio ante la UD Las Palmas. Presionaron, recuperaron, abrieron el balón a las bandas, remataron... y otra vez a presionar, al menos hasta el escaso margen que permitió el árbitro Del Cerro Grande. En una de esas llamadas al abordaje desde el centro del campo se hizo con la pelota Carcela-González. El marroquí avanzó, atrajo defensas y se la cedió con clase a Andreas, que libre de marca midió los tiempos para el soberbio 1-0.

El planteamiento inicial de los nazaríes le permitió perfilarse para la contra sin demasiados problemas tras tomar ventaja. Generosos Cuenca y Foulquier como aguijón por las bandas. Seguros Gastón Silva e Ingason atrás. Imperial Saunier como tercer mosquetero de la zaga.

Adrián Ramos estuvo muy vigilado, lo que obligó a Carcela y Aly Mallé a centrar su posición ocasionalmente para distraerle a los guardias, aliviarle la carga y ofrecerle aire para su juego en los costados. Y así se soltó melena el Granada CF esporádicamante mientras la UD Las Palmas se hizo con la pelota y buscó caminos al empate. Y allí donde el temperamento de Andreas, las piernas de Uche o cualquiera de sus compañeros no llegaron apareció Ochoa.

La afición sabía al descanso que para sacar los tres puntos quedaba mucho por sufrir. Así ha sido siempre. Así fue hasta el final de los cuatro minutos de añadido. El conjunto canario apretó y los rojiblancos pudieron acabar con la agonía con sendos remates de Adrián Ramos y Aly Mallé. Pero es que toca viajar hasta la última jornada en el vagón del sufrimiento. El tren ya arrancó. Su locomotora no funciona a madera, se mueve a golpes de fe.